La Herencia de la Independencia

El 20 de Julio celebramos la independencia de Colombia del Reino de Nueva Granada. Se precisa este día porque, precisamente, el 20 de julio de 1810, los colombianos inician su independización a partir del curioso hecho acerca del préstamo de un florero, acontecimiento simbólico y representativo de la desigualdad. Esta independencia ha dejado un camino republicano por recorrer y construir, sin embargo, también ha permitido la formación de valores y principios que aún perseveran en Colombia.

Para mí, el 20 de Julio no significa simplemente el logro de la independencia colombiana por medio de un florero, sino que es una conmemoración y correspondencia con el sentir de todas las personas que creyeron y aportaron con valentía un acto honorable para darle a esta tierra libertad e igualdad, pues, cabe aclarar que el 20 de julio de 1810 no se logra la total independencia de Colombia, sino que se emprende la brecha de varias causantes, que hicieron después posible una independencia.

Entre las personas que aportaron para la libertad e independencia de Colombia, me permito hacer memoria de dos de ellas, que son Policarpa Salavarrieta (La Pola) y Antonio Nariño. Considero que ellos reflejan lo que nos dejó la independencia, esto es, el interés altruista de los colombianos de hoy por la búsqueda del bienestar general de nuestra nación.

Policarpa Salavarrieta fue una mujer reconocida por ser espía y aportar a la causa criolla: la búsqueda de la libertad y la igualdad. Ella, cuando estaba en el patíbulo a punto de morir fusilada, dijo «!Pueblo indolente, cuan diversa sería hoy vuestra suerte si conocieseis el precio de la libertad¡ ¡No olvidéis este ejemplo!». Estas palabras llaman mi atención en función de lo que, infortunadamente, pasa en Colombia, asunto que reafirma el rojo de nuestra bandera. Sin embargo, ahora más que nunca, estas palabras de Policarpa recobran su luz y su brillo, puesto que observamos y sentimos a nuestra Colombia con un especial interés por lograr la equidad, la justicia y la libertad. Encima, de muchas maneras alzamos nuestra voz como signo válido, lo que me permite fortalecer mi fe en un cambio significativo y en la salvación de una nuestro destino republicano en tanto pueblo que construye posibilidades transparentes para dignificar el presente y constituir esperanza para el futuro.

Ahora bien, la Independencia nos dejó las cimientos de nuestros propios valores y principios, que soñaban en aquellos tiempos nuestros próceres, como es el caso de Antonio Nariño, quien, con formación en ideas políticas francesas, consolidó su idea de un poder centralista, que, asimismo, inspiraba la independización y la paz, con el fin de lograr unidad, igualdad y libertad. En ese sentido, Nariño fue propulsor de la Independencia gracias a su periódico llamado La Bagatela, su conocimiento militar y la traducción clandestina de los Derechos del Hombre del francés al español. Esto apoyó al pueblo colombiano en la medida en que reconocería sus condiciones, posibilidades y merecimientos. Además, Nariño tuvo una particular tenacidad a la hora de conseguir lo que quería; nunca renunció al sueño de la libertad y luchó para conseguirlo. Esta tenacidad de Nariño se encuentra en la cotidiana muestra de resistencia, unificación y cuidado de los colombianos. Cabe resaltar que, para Nariño, la paz es la finalidad fundamental que se debe lograr por medio de un proceso independentista. No obstante, todavía la paz no se presenta como virtud evidente y total en las distintas realidades del panorama nacional colombiano. Por ende, es una tarea a la que todos los colombianos estamos llamados a cumplir en la singularidad de nuestras vidas, en el cuidado de sí y en el cuidado del otro: mi prójimo.

Evidentemente, Salavarrieta y Nariño son solo unos pocos casos memorables de los que nos dejó la Independencia, puesto que gracias a ellos tuvimos y, seguramente, tendremos, con el ímpetu del ejercicio honesto de la ciudadanía, grandes cambios en Colombia para hacer de nuestro país algo mejor.

En efecto, esta fiesta de Independencia nos recuerda la lucha por la libertad, que ahora más que nunca necesitamos en función de construir la verdad y la paz; así, se protegerán los derechos por los que un día La Pola y Antonio persistieron en defender.

Con todo, la fiesta de la Independencia de Colombia y la actual coyuntura por la defensa de los derechos, los valores y los principios de los colombianos se muestran como acontecimientos evidentes en correspondencia, incluso, con el agregado de la situación pandémica. Continuemos, pues, hermanos colombianos, en la construcción y fortalecimiento de la ciudadanía. Aprovechemos el espíritu salesiano, basado en la pedagogía de Cristo y de Don Bosco, para que, en un clima de alegría y fraternidad, aportemos según nuestras capacidades en la siembra de la esperanza, pues, en definitiva, es lo que nos impulsa a creer que un mundo, una Colombia, mejor es siempre posible.

Ricardo Peralta Gutiérrez, del curso 901

 

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