PALABRAS DEL SEÑOR RECTOR

Muy queridos bachilleres y, a partir de ahora, exalumnos salesianos: 

Tengo mucha esperanza al verlos felices en este final del proceso del colegio, por lo que sé que significa este momento tan esperado para ustedes y sus familias. Tantos esfuerzos y desvelos, sacrificios y dedicación para poder alcanzar el honor de ser llamados exalumnos salesianos. Hoy quisiera recoger brevemente tres ideas que deseo lleven, en nombre de todos nosotros sus educadores, muy dentro de su corazón.

La primera, es que sus convicciones cristianas, sembradas y cimentadas en su familia y en el Colegio, sean la visión y la fuerza que les dé sentido y calidad humana. La persona de Jesucristo debe ser el centro de sus vidas. Están llamados a irradiarlo, enamorados de él, de sus palabras y de su ejemplo, en cada instante de su vida personal y profesional. Que a todos ustedes se les reconozca como personas de fe, que no temen expresar sus convicciones cristianas en el amor y el servicio a los demás. 

La segunda idea, que ustedes sean personas conscientes de la realidad y del entorno en que viven, la situación que afronta el país y ustedes. Vivimos en un momento muy difícil de la historia de nuestra nación, consecuencia de diversas circunstancias y situaciones propias y ajenas, que han generado un considerable deterioro en lo social, económico y político, que compromete nuestro desarrollo futuro. Más que nunca, en estos momentos, la labor de la educación se vuelve una de las claves por las que transita la superación de esta difícil coyuntura. Esto es cierto y es la realidad que a todos nos ha tocado vivir a lo largo de estos años. Que no pasen por el mundo como espectadores, sino que sean capaces de conocerlo, analizarlo, proyectarlo y asumirlo como profesionales y personas capaces de ayudar a hacerlo más justo y humano. Por tanto, personas comprometidas con el mundo, con su ciudad y su país.

Cómo tercera idea, quiero que el perfil de estudiante salesiano que presentamos en nuestro Proyecto Educativo Pastoral y del cual siempre les hablamos, sea el espejo en el cual se miren ustedes en el futuro como graduados de nuestro Colegio. Es una síntesis de lo que hemos llamado la Formación Integral y es, a la vez, un compromiso serio de ustedes con la calidad de vida profesional y familiar que ustedes mismos quieren seguramente llegar a vivir.

De ese perfil quiero destacar, de modo imperativo que sean hombres competentes en su desempeño; que hagan rendir las cualidades recibidas, como un don incomparable del Señor, sin ninguna mediocridad. Esto es lo que reclama de cada uno de ustedes la sociedad. En este punto no pueden ceder ni un paso. ¡Están llamados a ser los mejores! Y ya tenemos ejemplos estupendos de quienes les han precedido en los diversos campos del saber en su vida personal y profesional.   

Quiero que ustedes tengan una verdadera pasión por la justicia procurando crear con todo su desempeño una sociedad más justa, solidaria y humana. ¡Que sean ustedes, por encima de todo, profesionales éticamente incorruptibles! En una palabra, ¡que sean profesionales libres para buscar, vivir y decir la verdad con la cual se han comprometido!

Quiero que como personas sean  profundamente humanos, capaces de apasionarse por todas las manifestaciones del espíritu y dolerse con todo lo que quebranta a la humanidad, es decir, que sean compasivos. Personas a quienes les duela el pobre, los que carecen de lo mínimo para existir, los que, por fuerza de un orden social, económico y político inequitativo, sufren el abandono y la marginación. Si les duele el pobre a ustedes, a ejemplo del Señor Jesús, se moverán a ayudarles con todo el ímpetu de su vida y con el compromiso de quien los siente como hermanos. Entonces amanecerá para el país una sociedad más justa y humana, una sociedad donde haya calidad de vida para todos.

Es mi deseo que ustedes tengan en su formación humana tal equilibrio personal, que les permita ser espirituales sin huir de la historia y sus problemas, que sean científicos sin perder las otras dimensiones de la humanidad; de esta manera, ciencia, arte, religión, deporte, se unirán en una síntesis armónica… Una formación integral, tan clara y definida así en la Misión Salesiana de nuestro colegio, se expresará en su capacidad de amar, de establecer relaciones interpersonales satisfactorias y, por tanto, de ayudar a hacer felices a los que les rodean.

Sueño que ustedes miren positivamente la creación; que sepan amar y cuidar la naturaleza. Que comprendan vivamente que el planeta Tierra es nuestra casa, la casa de todos, y que estamos llamados a cuidarlo y preservarlo para las generaciones futuras. 

Deseo, por tanto, que sean personas, profesionales que tengan una mirada universal que los lleve a sentirse cómodos como ciudadanos del mundo y se dejen interpelar por los grandes problemas de la humanidad. En cuatro palabras, que sean seres humanos: competentes, conscientes, compasivos y comprometidos. Este es el ideal que hemos soñado y para el cual el Colegio cada día se prepara mejor para lograrlo de sus egresados.

Reciban ahora nuestras felicitaciones más sinceras por este logro que hoy alcanzan con su título que los acredita como bachilleres de nuestro Colegio. Nos harán mucha falta porque asumieron con valentía y resiliencia estos años tan atípicos, y a pesar de todo, siguieron siendo un grupo destacado en los diversos espacios del Colegio por su cariño, iniciativa, amistad y fuerza ejemplar.

Nuestros mejores deseos para esa gran tarea que habrán de encarar. Sepan que no van solos, su familia Colegio los acompañará siempre, su Alma Mater, la Casa Salesiana y Escuela que, desde niños, les orientó en su desarrollo humano integral. 

Espero que tengan, queridos Bachilleres, el éxito profesional que merecen y que el país se sienta beneficiado por su presencia y entrega como egresados del Colegio.

Que María Auxiliadora, a quien les hemos enseñado a amar, sea siempre su Madre y Compañera en el camino de la vida. Ella los trajo a nuestra casa salesiana y ella les seguirá guiando si ustedes abandonan con fe a su amor maternal.   

De ustedes, los exalumnos salesianos levantando la patria con sus manos, nos sentimos orgullosos los salesianos, porque son y serán la legítima descendencia de San Juan Bosco. 

Por Alejandro Castillo Martínez, Rector

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